Llega el calor y salen de la caja. Son cómodas, son frescas y se ponen en dos segundos. El problema no es la chancla: el problema es usarla para todo, todos los días, durante tres meses.
Para qué sirve realmente una chancla
Para lo que se inventó: proteger el pie del suelo húmedo compartido. En la ducha del gimnasio, en el borde de la piscina o para cruzar la arena hasta la toalla, es exactamente el calzado adecuado y no hay que sustituirlo por nada.
Lo que no es, es calzado para caminar. Miguel Cánovas, entonces portavoz del Colegio Oficial de Podólogos de Madrid, lo resumía así en BBC Mundo en 2015:
«El objetivo del calzado debería ser el de proteger y dar estabilidad al pie, y las chancletas no cumplen esta función.»Miguel Cánovas, portavoz del Colegio Oficial de Podólogos de Madrid (BBC Mundo, 2015)
Qué pasa cuando caminas mucho con ellas
Una chancla plana y sin sujeción obliga al pie a resolver por su cuenta cosas que debería resolver el zapato. Esto es lo que se ha medido en laboratorio:
- El pie trabaja de más para que no se salga. Como nada lo sujeta por detrás, los estudios de marcha encuentran un paso más corto y más actividad muscular en la pierna al caminar con chancla que con zapatilla. Es un gesto pequeño; multiplícalo por diez mil pasos al día.
- El antepié recibe más carga que con una zapatilla, y ahí es donde aparecen las metatarsalgias, las durezas nuevas y esa sensación de «me arden las plantas» al final del día.
- El talón va menos protegido que con un zapato: la suela fina amortigua poco y, además, la piel del borde se seca y se agrieta.
- La fascia plantar trabaja más. No está demostrado que las chanclas causen fascitis plantar —los factores de riesgo acreditados son otros: sobrepeso, muchas horas de pie, poca movilidad de tobillo—, pero si ya tienes dolor en el talón, un calzado plano y sin amortiguación es de las cosas que más lo empeoran.
Con uso puntual no pasa nada. Lo que vemos en consulta son las molestias de quien lleva días enteros caminando así.
Quién debería evitarlas casi del todo
- Personas con diabetes, y muy especialmente si ya hay pérdida de sensibilidad en el pie. Aquí no es una cuestión de comodidad: el pie va prácticamente descubierto, un roce o un pequeño corte pueden pasar desapercibidos, y ahí es donde empieza una úlcera. Las guías internacionales de pie diabético recomiendan expresamente no caminar con calzado de suela fina, ni dentro ni fuera de casa.
- Quien usa plantillas personalizadas: si no las lleva puestas, el tratamiento simplemente no está actuando.
- Personas mayores. El calzado sin sujeción trasera se asocia a más caídas en los estudios de población mayor, y la chancla es el ejemplo extremo: se engancha, se sale y obliga a cambiar la forma de andar. Un zapato cerrado y bien sujeto es una de las medidas de prevención de caídas más simples que hay.
- Niños, pero por un motivo distinto al que se suele decir: la chancla se sale, se engancha y protege poco los dedos en el parque o en la calle. En casa o en la playa, ir descalzo es perfectamente bueno para su pie; el problema es la chancla como calzado de calle.
Cómo elegir una chancla menos mala
Si vas a llevarla igualmente, que al menos cumpla esto:
- Suela con algo de grosor y de amortiguación, no una lámina de goma de tres milímetros.
- Que no se doble por la mitad. Cógela por los dos extremos: si la puedes enrollar, no sirve para caminar.
- Con sujeción en el empeine o tira de talón. Todo lo que evite que el pie tenga que agarrarse para que no se salga, suma.
- Con algo de altura en el talón, un centímetro o dos: amortigua más y reparte mejor el apoyo que una lámina completamente plana.
- Que el pie quepa entero, sin que el talón o los dedos sobresalgan por el borde.
La regla fácil
Chanclas para el agua, la arena y los cuatro pasos del paseo marítimo. Para el día entero de turismo, para la compra o para trabajar, un calzado con sujeción. Tus pies notan la diferencia en agosto. Y en septiembre también.