Para mucha gente, ir al podólogo no es una cuestión de tener un rato libre: es que salir de casa se ha convertido en un problema. Y mientras tanto las uñas siguen creciendo, las durezas siguen doliendo y un pie descuidado acaba siendo un pie con una herida. La visita a domicilio existe justo para eso.
¿Cuándo está indicada una visita a domicilio?
No es un servicio de comodidad, es un servicio para situaciones concretas. Estas son las que vemos cada semana:
- Personas mayores que ya no se manejan bien fuera de casa, aunque dentro se desenvuelvan perfectamente.
- Movilidad reducida: bastón, andador, silla de ruedas, o un edificio sin ascensor que convierte cualquier salida en una odisea.
- Postoperatorios y reposo, cuando hay indicación médica de no cargar el pie o de no moverse durante unas semanas.
- Personas dependientes o encamadas, que necesitan que el cuidado del pie vaya al mismo ritmo que el resto de sus cuidados.
- Familiares que no pueden acompañar: a veces el problema no es la persona, es que no hay nadie disponible para llevarla y traerla.
Si te reconoces en alguna, la visita a domicilio no es una excepción: es lo normal.
Qué tratamientos hacemos en casa
Prácticamente todo lo que se hace en una consulta de quiropodia, con el mismo material:
- Quiropodia completa: corte y fresado de uñas, durezas, callos y ojos de gallo.
- Uñas encarnadas y uñas engrosadas, que en personas mayores son el motivo número uno de dolor al calzarse.
- Cuidado rutinario del pie diabético, con exploración de la sensibilidad y del riego. Es la parte que de verdad previene sustos, y se hace en coordinación con el médico y la enfermera que llevan la diabetes.
- Asesoramiento sobre calzado, higiene, hidratación y qué señales conviene vigilar entre visita y visita.
Una cosa que conviene tener clara: si ya hay una herida abierta, enrojecimiento que se extiende, mal olor o fiebre, eso no es cuestión de pedir cita para la semana que viene. Hay que llamar al médico o acudir a urgencias el mismo día.
Y qué no se puede hacer en casa
Preferimos decirlo claro. El estudio de la pisada y la fabricación de plantillas personalizadas necesitan la plataforma de presiones y el equipo de la clínica, así que eso se hace allí. Y una cirugía ungueal —la que resuelve de forma definitiva una uña encarnada que se repite— también. Si en la visita a domicilio vemos que hace falta algo de esto, te lo decimos y buscamos la manera de organizarlo.
Cómo funciona, paso a paso
- Nos llamas o nos escribes. El domicilio no se reserva por el calendario de la web: se da por teléfono, porque hay que cuadrar la ruta y preguntar cuatro cosas antes.
- Te preguntamos lo básico: dirección, qué le pasa al pie, si hay diabetes, problemas de circulación o alguna medicación que debamos tener en cuenta.
- Cerramos día y franja horaria. No hace falta preparar nada especial: una silla, buena luz y un enchufe cerca es todo.
- La visita dura entre 30 y 45 minutos. Al terminar te decimos qué hemos visto y cada cuánto conviene repetir, que en la mayoría de los casos es entre seis y ocho semanas.
¿Es seguro hacerlo en casa?
Sí, y por el mismo motivo por el que es seguro en la clínica: el material. Llevamos instrumental esterilizado en bolsa individual, fresas de un solo uso y todo lo necesario para trabajar en condiciones. Lo que cambia es el sitio, no el protocolo.
Quién va a tu casa
Las visitas a domicilio las realiza siempre la podóloga Ana Ortiz. Siempre la misma persona, que es justo lo que hace que funcione: conoce el caso, sabe cómo estaba el pie hace dos meses y no hay que volver a explicarlo todo cada vez.
Precio y zona de cobertura
La visita a domicilio cuesta 40 € e incluye el desplazamiento y el tratamiento completo. Cubrimos Valencia capital y cualquier población a menos de 15 km. Si no tienes claro si tu dirección entra, llámanos y te lo decimos en un minuto.
El cuidado del pie también se hace desde casa
Un pie mal cuidado durante meses no se queda igual: aparecen heridas por presión, uñas que se clavan, infecciones. Y en personas con diabetes o mala circulación, eso puede acabar siendo un problema serio. Que alguien no pueda salir de casa no debería significar que deja de ir al podólogo.