En verano bajamos la guardia con los pies justo cuando más expuestos están: suelos húmedos compartidos, calor, sudor y muchas horas dentro de una chancla o de una zapatilla cerrada. Los hongos no se van de vacaciones; es su temporada alta.
Son dos infecciones distintas y se confunden mucho
Es importante distinguirlas, porque ni se ven igual ni se tratan igual:
- Pie de atleta (tiña pedis): afecta a la piel. Aparece sobre todo en los espacios entre los dedos, con más frecuencia en los más externos —entre el tercero, el cuarto y el quinto—, y también en la planta. Se ve como piel blanquecina y reblandecida, descamación, grietas pequeñas, y suele picar o escocer.
- Onicomicosis: afecta a las uñas. La uña se vuelve amarillenta o parduzca, se engrosa, se vuelve quebradiza y se separa por debajo. Al principio no suele doler, y por eso se deja pasar durante años; si se engrosa mucho, sí puede acabar molestando al caminar o con el calzado.
Y van de la mano: un pie de atleta mal curado puede acabar afectando a la uña, y una uña infectada actúa como reservorio y reinfecta la piel. Por eso, cuando coinciden las dos, tratarlas a la vez reduce mucho las recaídas.
Por qué el verano es su mejor época
Los hongos necesitan tres cosas: humedad, calor y oscuridad. En julio y agosto se las damos todas. Y además añadimos el factor que lo remata: caminar descalzos por suelos que comparte mucha gente.
Dónde se cogen
- Bordes y duchas de piscinas públicas.
- Vestuarios y duchas de gimnasio, que es el clásico.
- Suelos de hoteles y apartamentos de alquiler.
- Toallas y calzado compartidos dentro de la propia casa.
- Y el menos evidente: tu propio calzado, si se queda húmedo de un día para otro.
Ocho gestos que reducen mucho el riesgo
- Chanclas en piscinas, duchas y vestuarios. Siempre. Es de las medidas más eficaces y, desde luego, la más fácil de cumplir.
- Sécate bien entre los dedos, uno a uno, después de cada baño y de cada ducha. Es la zona donde con más frecuencia empieza la infección.
- No repitas calcetines: uno limpio cada día. Lo importante es que el pie no pase horas húmedo, así que cámbiatelos también a media jornada si sudas mucho o haces deporte.
- Alterna el calzado: que un par tenga 24 horas para secarse del todo antes de volver a ponértelo.
- Airea el calzado al llegar a casa, fuera del armario y sin la plantilla dentro.
- No compartas toallas, cortaúñas ni calzado, ni siquiera en casa.
- Después de la playa, sécate igual que después de la ducha. El agua de mar y la arena también dejan el pie húmedo durante horas.
- Si sudas mucho de pies, valora un polvo o un espray secante. Controlar el sudor es controlar el terreno.
Cómo saber si ya lo tienes
Consulta si notas picor o escozor entre los dedos, si la piel se te pone blanquecina y blanda o se agrieta ahí, o si una uña ha cambiado de color, de grosor o de forma. Cuanto antes se coge, más corto es el tratamiento.
Y una excepción importante: si tienes diabetes, problemas de circulación en las piernas o las defensas bajas por una enfermedad o un tratamiento, no esperes a ver si mejora. En esos casos una grieta entre los dedos puede ser la puerta de entrada de una infección bacteriana, y conviene revisarlo pronto.
Por qué no basta con comprar algo en la farmacia
El primer motivo es que no todo lo que cambia el aspecto de una uña es un hongo: un golpe antiguo, una psoriasis, un liquen plano o un problema circulatorio pueden parecerlo, y un antifúngico ahí no hace nada.
Y hay un caso en el que no conviene esperar: si aparece una mancha o una banda oscura, marrón o negra en una sola uña, que no se desplaza a medida que la uña crece, que se ensancha o que mancha también la piel de alrededor, hay que valorarla cuanto antes. La mayoría de las veces no es nada grave, pero es una de las formas en las que puede presentarse un melanoma en la uña, y se confunde con frecuencia con un hongo o con un golpe. No es algo que deba taparse ni tratarse por cuenta propia.
El segundo motivo es que un esmalte antifúngico no llega si la uña está muy engrosada; hay que rebajarla primero para que el producto penetre, y eso se hace en consulta. Por eso, antes de un tratamiento largo —y siempre antes de uno por vía oral— conviene confirmar que realmente hay un hongo.
Y ten paciencia con los plazos
Una onicomicosis instaurada puede necesitar varios meses de tratamiento, y hay que contar además con que la uña del pie tarda entre 12 y 18 meses en crecer del todo. Aunque el hongo ya esté controlado, el aspecto tarda en normalizarse. Eso es lo normal y no significa que el tratamiento haya fallado.