«Me quitaron el callo en un centro de estética, y me costó la mitad.» Lo escuchamos a menudo, y casi siempre en la misma frase que «pero desde entonces me duele». Conviene saber dónde está exactamente la línea, porque no es una cuestión de gremios: es una cuestión de qué te pueden hacer en el pie.

Qué es el intrusismo, en concreto

Es que alguien realice actos propios de una profesión sanitaria sin tener la titulación que la habilita. En el pie, esto significa diagnosticar, tratar patologías o utilizar instrumental cortante sobre la piel y las uñas sin una titulación sanitaria que lo ampare. En la práctica, y para el cuidado del pie, esa titulación es el Grado en Podología.

La podología es un grado universitario de cuatro años dentro de las ciencias de la salud, con anatomía, patología, farmacología, biomecánica y cirugía. Y para ejercer hace falta, además, estar colegiado: en la Comunidad Valenciana la colegiación es obligatoria por ley. La estética es otra formación, con otro objeto, y perfectamente digna: lo que no es, es sanitaria. La propia normativa valenciana llama a los centros de estética, literalmente, establecimientos no sanitarios.

Qué puede hacer un centro de estética y qué no

Sí puede: pedicura estética, limar y pulir la superficie de la uña, pintar, hidratar, hacer un masaje.

No puede: cortar callos o durezas con bisturí, tratar una uña encarnada, retirar una uña, diagnosticar un hongo, ni intervenir sobre el pie de una persona con diabetes, con neuropatía o con problemas de circulación, donde una lesión mínima puede acabar en una complicación seria. La norma valenciana que regula estos establecimientos excluye expresamente cualquier tratamiento de la piel que vaya más allá de la capa córnea.

Los tribunales ya se han pronunciado

No es una opinión del sector: el intrusismo profesional es un delito tipificado en el artículo 403 del Código Penal. El Ilustre Colegio Oficial de Podología de la Comunidad Valenciana mantiene una línea activa de denuncia, y en los últimos años se han dictado condenas en la Comunidad Valenciana contra personas sin titulación que realizaban tratamientos podológicos.

Por qué esto te importa a ti

Porque el que asume el riesgo eres tú:

Cómo comprobar que quien te atiende es podólogo

  1. Pregunta directamente si es podólogo colegiado y cuál es su número de colegiado. Es una pregunta normal y a nadie le molesta.
  2. Consulta el listado del Colegio. El Ilustre Colegio Oficial de Podología de la Comunidad Valenciana publica el listado de colegiados ejercientes en icopcv.org/el-colegio/colegiados-ejercientes. Ahí puedes comprobar el nombre y el número de quien te atiende.
  3. Comprueba también el centro. Una consulta de podología es un centro sanitario y debe estar inscrita en el registro de centros sanitarios de la Conselleria de Sanidad, con su número de registro. Un centro de estética no lo está.
  4. Fíjate en las palabras. «Pedicura médica» es un término que no existe como tal. Y si un centro de belleza ofrece «quiropodia», «podología» o «tratamiento del pie diabético», está usando vocabulario sanitario para servicios que no puede prestar.
  5. Fíjate en el sitio. Camilla clínica, instrumental que se abre delante de ti en bolsa estéril individual, contenedor de residuos biosanitarios y número de registro sanitario visible.

No es una guerra de precios

Una consulta de podología tiene unos costes que no son opcionales: material estéril de un solo uso, instrumental sanitario, esterilización con controles, un profesional con cuatro años de carrera universitaria y colegiación, y un seguro de responsabilidad civil sanitaria. Cuando un precio se separa mucho de eso, lo razonable es preguntarse qué se está contratando exactamente. No estás pagando menos por lo mismo: estás contratando otra cosa.